“EL
TIEMPO ESTA A FAVOR DE LOS PEQUEÑOS”
Nuestra Colombia no es la misma a
diario, si bien no estamos en la plenitud de las soluciones a la grave
problemática económica, política y social, estamos tratando de reencontrar un
rumbo cierto que nos conduzca a caminos de reconciliación. Algunos de nosotros
en determinada época histórica nos lanzamos a buscar las soluciones por vías
más dolorosas y nos sumergimos en el incruento mundo de la guerra, pensábamos
que todo parto venía con dolor y que el avisoramiento de una nueva sociedad
pasaba por la lucha armada como antesala de reconstrucción de todo orden
político, económico y social. Muchos llegamos convencidos de la justeza de la
acción armada y nos fuimos a la cita con la historia cargados de amor, de
ensueño y de ilusión, se podría decir que divinizamos la lucha y la Organización a la que
decidimos vincularnos.
El dios de la furia hizo posesión
nuestra para convertir la idea en fusil y tratar de sembrar la idea con acción
militar, la guerra nos llenó todo el cuerpo y hasta por nuestros poros exhalamos
el pútrido olor de la muerte. Años de estar en el camino de tratar de convencer
a nuestros hermanos que el Estado era un enemigo a destruir, pero para
destruirlo acababamos con todo lo que se nos atravesara, hasta con nuestros
propios hermanos. El humanismo que nos llevó a darlo todo, hasta la vida misma,
se acabó en la inhumana acción de la guerra.
Muchos se lucraron de la idea
libertaria convirtiéndola en sofisma. La motivación, la mística y la moral del
revolucionario llevada a la práctica armada fue hábilmente aprovechada por
mercaderes que vieron un negocio en la acción que daba control de territorio y
se dedicaron a conseguir dinero y poder local. Se olvidaron los principios y se
trocaron los valores, primó entonces el lucro y la acción militarista por sobre
la acción política creadora, de esta forma el dinero conseguido en el negocio
de la droga permeó la idea noble de encontrar una nueva sociedad y haciendo el
menor esfuerzo fuimos llevados por la acción terrorista.
Hoy la historia ha sentenciado de
manera contundente que el uso de las armas no gana mentes ni corazones, que
destruye ilusiones y mata esperanzas. La guerra no es ni podrá ser solución a
los problemas. En hora buena existe en Colombia un programa de desmovilización
voluntaria e individual que no espera una negociación interminable de pujas
personalistas para sacar provechos de lo colectivo; en hora buena más de cinco
mil excombatientes nos decidimos por la civilidad y la democracia e hicimos un
pacto de paz con nosotros mismos, con nuestras familias, con la sociedad, con
el País y no esperamos a la destrucción total de la patria. Colombia necesita
de todos, y no solo de nosotros, sino de la Comunidad Internacional
en un mundo cada vez más interdependiente que preste beneficios económicos en
el comercio para darnos la oportunidad de ser nosotros mismos.
En Colombia la mayoría estamos
decididos a que la civilidad le gane la guerra a las armas, de ustedes, la Comunidad Internacional ,
depende que seamos capaces de reconstruir la vida económica y social, de
ustedes depende que el futuro sea cierto y no un simple sueño a perseguir. Se
agotan las cuentas, el tiempo no da espera, una Colombia mejor es posible.
"Lejos de los ideales de origen,
y sin ninguna de las ilusiones de transformación de la realidad del país
cumplidas, pareciera no haber ninguna herencia de aquellos años dramáticos que
conmovieron al mundo" Sergio Ramírez. Esta frase recoge mucho de lo que
hoy es realidad frente a las FARC y los 42 años de lucha que han promovido
entre la misma familia colombiana.
Desde su historia las FARC han
enarbolado la lucha armada como la “panacea” capaz de construir un “nuevo
gobierno”. Convirtieron las armas en un fin en sí mismas, trocaron el valor de
la política para volverla un instrumento maniqueo que utilizan a su libre
disposición. La argumentación aquella de que “nos cerraron todas las puertas y
nos tocó recurrir al camino mas doloroso: la lucha armada” hoy se cae por su
propio peso. Tal vez las FARC quedaron ancladas en el tiempo, en ese mismo
tiempo con el que juegan para ganar “por desgaste del adversario” y que les
pasa hoy cuenta de cobro debido a que ese mismo tiempo no perdona. Y no perdona
ante tantos hechos que atentan contra la propia esencia del humanismo militante
que ha de caracterizar al verdadero revolucionario.
La propia dialéctica nos dice que “nada es quietud,
todo es continuo cambio” y a esa sentencia nos hemos de remitir. El hecho que
hoy no veamos en la lucha armada el camino para conquistar las mentes y los
corazones de la población no implica que hayamos arriado las banderas
delhumanismo. Nos ratificamos en la idea. Lo que ha sucedido es que no nos
dejamos llevar por el dogma, luego no somos anti-científicos ya que no
convertimos la idea en doctrina religiosa. Los sueños siguen tan asidos a
nosotros como quiera que son parte nuestra. Esos sueños no se quedaron perdidos
en la montaña, siguen hoy más vivos e incluso más cercanos sin menester de
empuñar armas cuyos órganos de puntería se dirijan contra los propios hermanos.
Los sueños de muchos de nosotros estaban marcados por
la llegada triunfal a la Plaza
de Bolívar, en ríos de hombres verde oliva y banderas rojas al aire y las
trompetillas de los fusiles buscando los cielos abiertos, sembrando nueva
patria. Mientras que antes nuestros sueños se hilaban en lejanía y se perdían
en suspiros hoy vivimos otro tiempo y otro espacio. Pude estar en la Plaza de Bolívar atiborrada
de gentes humildes y de intelectuales y de mujeres cabezas de familia y de
artistas y de pequeña burguesía y de desmovilizados y de empleados y
desempleados y las banderas amarillas se alzaban inofensivas hacia el cielo
demostrando que la palabra que plasma la idea tiene más fuerza que las balas
que escupe un fusil. Me ratifico en que hice lo mejor, me salí de la guerra
para ganarle el combate a la muerte.
Lo que el proceso democrático en el que estamos
gracias al Programa de Desmovilización ha construido en nosotros ha sumado más
que lo que ha hecho el tiempo de la guerra. Las FARC no están cercanas a momentos
pre-insurreccionales ni a la conquista del poder, más bien con sus acciones
cruentas que no consultan el interés de la población están alejándose de las
masas y con ello de la posibilidad de sumar en proyección a una posible
victoria.
En procura de allanar caminos que nos
conduzcan a la construcción de una Colombia en Paz algunos Mandos Medios
desmovilizados de las FARC nos hemos propuesto seguir jugando un papel dentro
de la actual situación por la que atraviesa nuestro País.
Asumimos la nueva vida dentro de la
sociedad civil no combatiente apostándole a la reconciliación, y lo asumimos
con los riesgos que trae el nuevo futuro. Sabemos que nuestra vida pende de un
hilo, sabemos que ahora somos blancos de nuestros antiguos compañeros y que al
darlo todo para construir la Paz
en nuestra patria estamos arriesgando nuestra propia vida. Pero nos
enorgullecemos de esto, es tal vez el tributo al tiempo que pasamos en el
camino armado, lo asumimos y enfrentamos el reto de vivir construyendo sueños
sin armas. Asumimos el riesgo de encontrarnos ante una sociedad que tal vez
tarde mucho en desarmarse y que nos continúe viendo como perturbadores del
orden, pero estamos convencidos de nuestra voluntad de insertarnos en la
sociedad y aportar en el terreno que se nos indique para hacer de nuestra
patria el lugar de nuestros sueños de paz.
Sin duda alguna escogimos la mejor
opción para nosotros, para nuestras familias y para el país. Las armas solo
conducen a los odios y al desangre de la patria, la muerte y la violencia nunca
han sido solución a los problemas pero si incrementan los problemas. La vida es
la construcción del sueño de la paz y el camino que decidimos tomar se
convierte en sendero de esperanza, la civilidad le ganó la guerra a las armas.
La esperanza de construir una nueva Colombia desde nosotros mismos en Paz.
Somos nosotros mismos los
protagonistas de esta nueva historia y no seremos inferiores a nuestro
compromiso. Desde nosotros nace la
Paz , en la medida que muchos más nos vinculemos a salidas civilistas
el destino de la patria no puede ser otro que el de la convivencia pacífica y
la paz duradera. Se nos brinda otra oportunidad y no vamos a desaprovecharla,
le apostamos a la vida y la perspectiva de una nueva vida se da en proyección
hacía el futuro, el mañana se construye desde hoy.
Por lo anterior hemos conformado
FUPAMA (Fundación por la Paz y el Medio Ambiente) y
esperamos su activa colaboración en el que necesitamos de las herramientas las
que aprovecharemos para formarnos, para ser hombres capaces de responder a las
realidades de nuestra propia vida. En Colombia la mayoría estamos decididos a
que la civilidad le gane la guerra a las armas, de ustedes, de la Comunidad Nacional
e Internacional, depende que seamos capaces de reconstruir la vida económica y
social, de ustedes depende que el futuro sea cierto y no un simple sueño a
perseguir. Se agotan las cuentas, el tiempo no da espera, los que
estamos en la civilidad y nos la jugamos por la democracia tenemos mayores
posibilidades de triunfar en lo personal, en lo colectivo, en lo social.
Los que estamos en la civilidad y nos la jugamos por la democracia
tenemos mayores posibilidades de triunfar en lo personal, en lo colectivo, en lo social.
El camino armado, “el más doloroso”, ha dejado su huella lánguida de
muerte con la pérdida de cuatro generaciones de hombres. Es la hora de romper
con ese camino y construir el camino de la reconciliación que nos lleve al
destino de victoria con el uso de la democracia. Es nuestra decisión y
esperamos nos la respeten.
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