jueves, 19 de septiembre de 2013

“EL TIEMPO ESTA A FAVOR DE LOS PEQUEÑOS”


Nuestra Colombia no es la misma a diario, si bien no estamos en la plenitud de las soluciones a la grave problemática económica, política y social, estamos tratando de reencontrar un rumbo cierto que nos conduzca a caminos de reconciliación. Algunos de nosotros en determinada época histórica nos lanzamos a buscar las soluciones por vías más dolorosas y nos sumergimos en el incruento mundo de la guerra, pensábamos que todo parto venía con dolor y que el avisoramiento de una nueva sociedad pasaba por la lucha armada como antesala de reconstrucción de todo orden político, económico y social. Muchos llegamos convencidos de la justeza de la acción armada y nos fuimos a la cita con la historia cargados de amor, de ensueño y de ilusión, se podría decir que divinizamos la lucha y la Organización a la que decidimos vincularnos.

El dios de la furia hizo posesión nuestra para convertir la idea en fusil y tratar de sembrar la idea con acción militar, la guerra nos llenó todo el cuerpo y hasta por nuestros poros exhalamos el pútrido olor de la muerte. Años de estar en el camino de tratar de convencer a nuestros hermanos que el Estado era un enemigo a destruir, pero para destruirlo acababamos con todo lo que se nos atravesara, hasta con nuestros propios hermanos. El humanismo que nos llevó a darlo todo, hasta la vida misma, se acabó en la inhumana acción de la guerra.

Muchos se lucraron de la idea libertaria convirtiéndola en sofisma. La motivación, la mística y la moral del revolucionario llevada a la práctica armada fue hábilmente aprovechada por mercaderes que vieron un negocio en la acción que daba control de territorio y se dedicaron a conseguir dinero y poder local. Se olvidaron los principios y se trocaron los valores, primó entonces el lucro y la acción militarista por sobre la acción política creadora, de esta forma el dinero conseguido en el negocio de la droga permeó la idea noble de encontrar una nueva sociedad y haciendo el menor esfuerzo fuimos llevados por la acción terrorista.

Hoy la historia ha sentenciado de manera contundente que el uso de las armas no gana mentes ni corazones, que destruye ilusiones y mata esperanzas. La guerra no es ni podrá ser solución a los problemas. En hora buena existe en Colombia un programa de desmovilización voluntaria e individual que no espera una negociación interminable de pujas personalistas para sacar provechos de lo colectivo; en hora buena más de cinco mil excombatientes nos decidimos por la civilidad y la democracia e hicimos un pacto de paz con nosotros mismos, con nuestras familias, con la sociedad, con el País y no esperamos a la destrucción total de la patria. Colombia necesita de todos, y no solo de nosotros, sino de la Comunidad Internacional en un mundo cada vez más interdependiente que preste beneficios económicos en el comercio para darnos la oportunidad de ser nosotros mismos.

En Colombia la mayoría estamos decididos a que la civilidad le gane la guerra a las armas, de ustedes, la Comunidad Internacional, depende que seamos capaces de reconstruir la vida económica y social, de ustedes depende que el futuro sea cierto y no un simple sueño a perseguir. Se agotan las cuentas, el tiempo no da espera, una Colombia mejor es posible.


"Lejos de los ideales de origen, y sin ninguna de las ilusiones de transformación de la realidad del país cumplidas, pareciera no haber ninguna herencia de aquellos años dramáticos que conmovieron al mundo" Sergio Ramírez. Esta frase recoge mucho de lo que hoy es realidad frente a las FARC y los 42 años de lucha que han promovido entre la misma familia colombiana.

Desde su historia las FARC han enarbolado la lucha armada como la “panacea” capaz de construir un “nuevo gobierno”. Convirtieron las armas en un fin en sí mismas, trocaron el valor de la política para volverla un instrumento maniqueo que utilizan a su libre disposición. La argumentación aquella de que “nos cerraron todas las puertas y nos tocó recurrir al camino mas doloroso: la lucha armada” hoy se cae por su propio peso. Tal vez las FARC quedaron ancladas en el tiempo, en ese mismo tiempo con el que juegan para ganar “por desgaste del adversario” y que les pasa hoy cuenta de cobro debido a que ese mismo tiempo no perdona. Y no perdona ante tantos hechos que atentan contra la propia esencia del humanismo militante que ha de caracterizar al verdadero revolucionario.

La propia dialéctica nos dice que “nada es quietud, todo es continuo cambio” y a esa sentencia nos hemos de remitir. El hecho que hoy no veamos en la lucha armada el camino para conquistar las mentes y los corazones de la población no implica que hayamos arriado las banderas delhumanismo. Nos ratificamos en la idea. Lo que ha sucedido es que no nos dejamos llevar por el dogma, luego no somos anti-científicos ya que no convertimos la idea en doctrina religiosa. Los sueños siguen tan asidos a nosotros como quiera que son parte nuestra. Esos sueños no se quedaron perdidos en la montaña, siguen hoy más vivos e incluso más cercanos sin menester de empuñar armas cuyos órganos de puntería se dirijan contra los propios hermanos.

Los sueños de muchos de nosotros estaban marcados por la llegada triunfal a la Plaza de Bolívar, en ríos de hombres verde oliva y banderas rojas al aire y las trompetillas de los fusiles buscando los cielos abiertos, sembrando nueva patria. Mientras que antes nuestros sueños se hilaban en lejanía y se perdían en suspiros hoy vivimos otro tiempo y otro espacio. Pude estar en la Plaza de Bolívar atiborrada de gentes humildes y de intelectuales y de mujeres cabezas de familia y de artistas y de pequeña burguesía y de desmovilizados y de empleados y desempleados y las banderas amarillas se alzaban inofensivas hacia el cielo demostrando que la palabra que plasma la idea tiene más fuerza que las balas que escupe un fusil. Me ratifico en que hice lo mejor, me salí de la guerra para ganarle el combate a la muerte.

Lo que el proceso democrático en el que estamos gracias al Programa de Desmovilización ha construido en nosotros ha sumado más que lo que ha hecho el tiempo de la guerra. Las FARC no están cercanas a momentos pre-insurreccionales ni a la conquista del poder, más bien con sus acciones cruentas que no consultan el interés de la población están alejándose de las masas y con ello de la posibilidad de sumar en proyección a una posible victoria.

En procura de allanar caminos que nos conduzcan a la construcción de una Colombia en Paz algunos Mandos Medios desmovilizados de las FARC nos hemos propuesto seguir jugando un papel dentro de la actual situación por la que atraviesa nuestro País.

Asumimos la nueva vida dentro de la sociedad civil no combatiente apostándole a la reconciliación, y lo asumimos con los riesgos que trae el nuevo futuro. Sabemos que nuestra vida pende de un hilo, sabemos que ahora somos blancos de nuestros antiguos compañeros y que al darlo todo para construir la Paz en nuestra patria estamos arriesgando nuestra propia vida. Pero nos enorgullecemos de esto, es tal vez el tributo al tiempo que pasamos en el camino armado, lo asumimos y enfrentamos el reto de vivir construyendo sueños sin armas. Asumimos el riesgo de encontrarnos ante una sociedad que tal vez tarde mucho en desarmarse y que nos continúe viendo como perturbadores del orden, pero estamos convencidos de nuestra voluntad de insertarnos en la sociedad y aportar en el terreno que se nos indique para hacer de nuestra patria el lugar de nuestros sueños de paz.

Sin duda alguna escogimos la mejor opción para nosotros, para nuestras familias y para el país. Las armas solo conducen a los odios y al desangre de la patria, la muerte y la violencia nunca han sido solución a los problemas pero si incrementan los problemas. La vida es la construcción del sueño de la paz y el camino que decidimos tomar se convierte en sendero de esperanza, la civilidad le ganó la guerra a las armas. La esperanza de construir una nueva Colombia desde nosotros mismos en Paz.

Somos nosotros mismos los protagonistas de esta nueva historia y no seremos inferiores a nuestro compromiso. Desde nosotros nace la Paz, en la medida que muchos más nos vinculemos a salidas civilistas el destino de la patria no puede ser otro que el de la convivencia pacífica y la paz duradera. Se nos brinda otra oportunidad y no vamos a desaprovecharla, le apostamos a la vida y la perspectiva de una nueva vida se da en proyección hacía el futuro, el mañana se construye desde hoy.

Por lo anterior hemos conformado FUPAMA  (Fundación por la Paz y el Medio Ambiente) y esperamos su activa colaboración en el que necesitamos de las herramientas las que aprovecharemos para formarnos, para ser hombres capaces de responder a las realidades de nuestra propia vida. En Colombia la mayoría estamos decididos a que la civilidad le gane la guerra a las armas, de ustedes, de la Comunidad Nacional e Internacional, depende que seamos capaces de reconstruir la vida económica y social, de ustedes depende que el futuro sea cierto y no un simple sueño a perseguir. Se agotan las cuentas, el tiempo no da espera, los que estamos en la civilidad y nos la jugamos por la democracia tenemos mayores posibilidades de triunfar en lo personal, en lo colectivo,  en lo social.  Los que estamos en la civilidad y nos la jugamos por la democracia tenemos mayores posibilidades de triunfar en lo personal, en lo colectivo,  en lo social.  El camino armado, “el más doloroso”, ha dejado su huella lánguida de muerte con la pérdida de cuatro generaciones de hombres. Es la hora de romper con ese camino y construir el camino de la reconciliación que nos lleve al destino de victoria con el uso de la democracia. Es nuestra decisión y esperamos nos la respeten.



No hay comentarios:

Publicar un comentario